Desde mi libreta
Lucía Pérez Paz
Ni deshabitado ni vacío: 145,521 personas y 55,443 hogares en el epicentro del debate por el gas shale en Coahuila
¿Cuál es el número aceptable de personas a afectar en pro de la soberanía energética del país? porque en la región carbonífera hay 145,521 personas.
La reciente reactivación del debate sobre el fracking en México nos coloca frente a un dilema donde se contraponen la urgencia económica y la ética. El gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez, ha declarado que está en plena sintonía con la Administración Federal para detonar esta industria, presentándola como la panacea para revertir el colapso económico dejado por la crisis de Altos Hornos de México (AHMSA).
Bajo la promesa de soberanía energética y empleos, está es una realidad compleja y preocupante que nos obliga a no ser indiferentes. La idea es utilizar la Cuenca de Burgos, una de las reservas de gas natural más grandes del mundo, para “rescatar” a la Región Carbonífera y Centro.
Es aquí donde surge la primera gran contradicción: mientras funcionarios sugieren que la extracción se realizaría en en una zona sin poblaciones cercanas, los datos del INEGI son contundentes. La región carbonífera, que menciona el gobernador, alberga 145,521 habitantes en municipios como Sabinas, Múzquiz, San Juan de Sabinas, Juárez y Progreso.
Frente a una población nacional de 126 millones, los habitantes de la región carbonífera apenas representan el 0.11% del total de la población. Ni siquiera el 1%, pero ¿En qué punto una comunidad de miles de personas se convierte en una cifra aceptable para ser considerada una zona para experimentar la extracción con fracking?
En el ámbito científico, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha integrado un comité de 12 académicos para evaluar nuevas tecnologías. Sin embargo, la imparcialidad de este grupo ya genera suspicacias. Resulta inquietante que representantes académicos, como Luis Fernando Camacho de la UA de C, sostengan que «no se tienen reportes de afectaciones», cuando la literatura científica internacional ha documentado ampliamente el uso de químicos cancerígenos como el benceno y la extracción desmedida y poco estudiada del Sistema Acuífero Transfronterizo Edwards-Trinity-El Burro en Texas.
Es cierto que ahora se apunta hacia el fracking sustentable, citando tecnologías de China que utilizan dióxido de carbono en lugar de agua o sistemas que reciclan hasta el 95% del líquido.
Mientras que expertos como Santiago Arroyo, director de la empresa URSUS advierten que México no cuenta actualmente con el personal, la tecnología ni las finanzas para sostener por sí solo estos activos de perforación.
Esto nos encadena a una dependencia de grandes transnacionales como ExxonMobil, Chevron y Saudi Aramco, lo que ya desdibuja la anhelada autosuficiencia.
Traer el fracking a Coahuila, un estado que ya padece una crisis hídrica, es una irresponsabilidad que no puede disfrazarse de progreso. Antes de perforar nuestra tierra, debemos preguntarnos: ¿cuál es el número de personas afectadas que el gobierno está dispuesto a aceptar?, ¿Cuál es el número aceptable cuando esas personas son el papá, mamá, hijo o esposo de alguien ? El desarrollo no puede ser legítimo si se construye sobre la salud de 145,000 rostros que hoy son tratados como estadísticas en un mapa.



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